domingo, 14 de marzo de 2010

"Día Internacional de la Mujer"

Discurso de Rosario Castellanos frente al entonces presidente José López Portillo y su gabinete el 9 de junio de 1979 en el Museo de Antropología e Historia:

Y no es equitativo -y por tanto tampoco es legítimo- que uno de los que forman la pareja dé todo y no aspire a recibir nada en cambio.
No es equitativo -así que no es legítimo- que uno tenga la oportunidad de formarse intelectualmente y al otro no le quede más alternativa que la de permanecer sumido en la ignorancia. No es equitativo - y por ello no es legítimo- que uno encuentre en el trabajo no sólo una fuente de riqueza sino también la alegría de sentirse útil, partícipe de la vida comunitaria, realizado a través de su obra, mientras que el otro cumple con una labor que no amerita remuneración, y que apenas atenúa la vivencia de superfluidad y de aislamiento que sufre; una labor que por su misma índole, perecedera, no se puede dar por hecha. No es equitativo y contraría el espíritu de la Ley que uno tenga la libertad de movimiento mientras el otro esté reducido a la parálisis.
No es equitativo - y luego no es legal- que uno sea dueño de su cuerpo y disponga de él como se le de la real gana mientras que el otro reserva este cuerpo no para sus propios fines, sino para que se cumplan procesos ajenos a su voluntad.
No es equitativo el trato entre hombre y mujer en México.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Just because it's Christmas and at Christmas you tell the truth...


Quiero hablar de un sueño, el sueño que tuve hace un año y es importante porque no me había sentido tan inspirada como en ese momento. Se trata de conocer el amor, no con un nombre o una persona en específico, sólo amor. Se trata de reconocer el sentimiento porque la vida cambia en sí misma de sólo pensar y creer en él.
Es tan simple como caminar separados y reconocer en el otro la verdad por un instante, saber pese a todas las mentiras y las máscaras usadas cotidianamente que ese alguien a quien ves (sin mirarlo a veces) se desnuda ante tí hasta convertirse no sólo en tu reflejo sino en tu motor y la base de cada pensamiento.
A veces decimos "te amo" convencionalmente o decimos "te quiero" a destiempo y sin correspondencia para llenar formularios, cubrir falsas expectativas o por miedo a romper con lo ya logrado y comenzar de nuevo. Sin embargo descubres que nunca las palabras son tan fuertes como la voz que escuchas, las letras que se convierten en pequeñas señales lejanas o la imagen convertida en diferentes seres pero que sabes es a quien amas ¿suena contradictorio? Tal vez pero es la más lógica y mejor forma de explicarlo, de la misma forma que se explica el que me niegue una y otra vez a escribir tu nombre.
Y como todo sueño a veces toca despertar.
Las imágenes se disparan frente a nuestros ojos, claves de lo que el otro deja adentro...
Ya no te busco en la letra de las canciones porque he descubierto que sabes a la melodía que llega sin avisar un 18 de diciembre como la magia que se quedó dentro de mi hace justo un año. Por un momento quise cuestionar eventos pero ¿cómo puede un simple ser humano cuestionar tanto a la vida si a lo único que debiera dedicarse es a sentir?
Entonces cierro los ojos y escucho...
El amor es mi mirada a los seis años plena y llena de ilusiones.
El amor es un par de calcetas en el aire mientras se comparte la culpa de ser un par de niños.
El amor es no haberle dicho que le amaba y huir.
El amor es haber dibujado un paisaje chiapaneco en mis sueños y congelarlo ahi con el azul de sus ojos.
El amor es una taza de café.
El amor son unos ojos tristes que insisten en querer ser libres.
El amor son un par de hoyuelos que se delatan al compás de su risa.
El amor es una simple melodía que describe perfectamente la historia que te quiero contar.
El amor es tu nombre, tu forma, tu nacionalidad, tu ir y venir, tu ausencia, tu vino, tus manos, tus noches de insomnio y jornada de trabajo.
El amor soy yo pensándote de la misma manera en un momento inoportuno. Sólo por que sí.




(just push it is for you)

domingo, 22 de noviembre de 2009

Paz

Escribo.
"Se solicita la presencia de Médico Interno en el consultorio de Angiología a las ocho en punto,¿qué dice doctora?"
¿Qué podía decir? Nunca me había hablado tan dulcemente y su sonrisa entre pícara e inocente era esa noche particularmente especial.
Sí, - finalmente respondía- a las ocho en punto.
Tocó con un roce suave, casi perverso y descuidado mi mano, tomó su expediente y se fue. Así era ella. Su andar lento, entre desgarbado y tímido, sus movimientos firmes... ¡la textura de su voz!
Cierro los ojos.
Habría caminado toda la noche por esos pasillos: muestras sanguíneas, curación de heridas, llevar pacientes a Radiografía. Ciertamente una noche lenta pero así es y punto, nadie se preocupa por un Médico Interno de Pregrado, además es parte de una formación ruda para una vida difícil. Pero las lágrimas corrían con la misma velocidad a la que el pizarrón de pendientes se saturaba. ¡No dormiré! Salgo de un cuarto a otro aún queda el ala derecha del piso de Medicina Interna por visitar, pero ¡es suficiente! La jefa de enfermeras me obsequia una manzana mientras insiste:
"El suelo no es un lugar muy adecuado para una doctora, ¿lo sabe?".
06:30a.m. Guadalupe es la paciente del cuarto 512, también hace poco solía ser enfermera. Hasta que un día comenzó a quejarse de cefaleas intensas, ahora sabemos que es víctima de cáncer por lo que permanece sedada y con una sonda nasogástrica instalada lo que le permite nutrirse lo cual es excelente pero le impide comunicarse. Tomo una muestra de orina... ¡Demonios! ¡Olvidé su quimioterapia!
"¡Oye Noemí no seas mala, háblale a la jefa de enfermeras y pídele que prepare a Guadalupe mientras sube el camillero anda por favor! Mientras yo voy rápido a bañarme, ¡corre, corre por favor" suplicaba.
"Está bien, pero sabes que el Dr. López me regañará si se entera" fue su respuesta.
Era obvio que se enteraría porque Noemí le contaría cómo una vez más salvaba mi pellejo.
¡Lista! Expediente en mano salgo del elevador y entro a la sala de espera del área de ambulancias. Dos asientos vacíos al lado del pequeño altar, coloco la camilla de Guadalupe frente a mí al tiempo que me dejo caer en uno de los asientos. Ese baño apenas engañó los sentidos, favoreció la relajación por tanto los músculos se destensan, la silla es ahora tan cómoda. Observo a Guadalupe con sus ojos cerrados plácidamente, ¿por qué no hacer lo mismo?
La neblina cubre perfectamente el campanario de la iglesia por las mañanas, el tañir de las campanas sirve de guía para los rebozos multicolores que como cada domingo parecen volar juguetonamente en busca de la salvación eterna, su ritmo también armoniza con el sonido de las botas y el trotar de los caballos. Recorrer los empedrados a prisa es imposible, la lluvia de la noche anterior dejó el riesgo de resbalar, mejor caminar lento de tal suerte que te invade el aroma a café recién tostado o en su defecto, ese olorcito tierno de carbón presto para cocer unas tortillas hechas a mano.
Abro los ojos.
No sabía que la neblina era azul.
"Doctora, ¿usted también va a el Hospital 20 de noviembre?"
"Si claro" -respuesta improvisada.
"Entonces compartiremos ambulancia"- con sonrisa franca.
Mirada nerviosa que se desvía hacia el otro paciente, un señor de la tercera edad al que digo, en el afán de disimular mi sorpresa, un rápido buenos días.
Sonrío.
Veo el reflejo de tu bata alejarse.
El pequeño de la cama diez está llorando - bueno ya casi es hora de la cena- observo de reojo el reloj, el laboratorio me debe algunos resultados.
20:00 pm Siento vergüenza de mi propia persona, nunca me creí capaz de lastimar a alguien de la forma en que hoy lo hice. Nunca me creí capaz de tener tus labios tan cercanos y no besarlos.


Eladio me confesó anoche: "Todo había desaparecido desde los primeros versos y yo estaba en el mundo perfecto donde el pescadito rojo disparaba en rápidas curvas por el agua verdosa del estanque..." Es claro que al igual que ese pescadito te alejas turbiamente para no dejar rastro, para sustraerme de este mundo donde nada ya es igual, ni siquiera mi grado. Muerdo esperanzas, horas exhaustas por una búsqueda que me escupe tanto dolor al cuerpo. Repito tu nombre mil veces: Paz. ¡Imposible! No puedes ser Paz porque esta angustia dentro me grita lo alejada de mi realidad a esa palabra. ¡Pero es tu nombre! No tengo otra forma de buscarte así que dejo que sean mis palabras quienes te encuentren.
No tardes.

viernes, 30 de octubre de 2009

Cerezas.

Acercó suavemente los dedos hacia sus labios, era una cereza, la colocó en su boca y dijo: si hoy no tienes tiempo podemos jugar mañana. Apenas si podía sentir esos labios susurrando en su oído, apenas si sentía el rubor en las mejillas y el almíbar bañando su lengua...No se movió tan sólo cerró los ojos mientras el calor de esos labios tocaban la comisura de su boca, aliento tibio para su rubor interno.
Desde ese momento, no puedo dejar de pensar en las cerezas...

domingo, 18 de octubre de 2009

De nuevo Nelson Simón y yo...

No puedo describir qué llamó fuertemente mi atención de él. Su forma erótica de hacer poesía, su forma de hablar del amor. Quisiera sentarme a tomar un café con él y discutir sobre su idea del amor. Que me llene de las palabras que ahora me faltan. Sin embargo ese concepto tan mío de amor que nunca pude describir, que tantas personas buscan clasificar porque así debe ser, Nelson Simón lo limita a una palabra: "Ragazzo".
Leo su poema y digo: ¡Es verdad! El amor es un ragazzo. Y no hablo de un italiano o de un portugués. Ni siquiera hablo de un hombre o de una mujer. De un ser joven o de un adulto. De un ser hermoso o de un ser exótico. Hablo de un RAGAZZO. Ese ser que toma sin vacilaciones tu mano, abarca lo indisoluble y etéreo. Cambia de cara, de aficiones y de gestos, pero es único: es amor. Es un sentido sinsentido, contradictorio y amado, fiel pero inestable.
El amor es un día de suerte a plena luz del día. Pero puede suceder trágicamente de noche o viceversa.
Si tan sólo pudiera dialogar con Nelson Simón como lo hice hace unos minutos con su poema. Decirle que quiero leerlo y necesito sus libros, que me cuente cosas porque necesito su experiencia, que me lea "Ragazzo" con su propio sentir porque debo comprender el mio.
Quiero hablar con él como un amigo, como el que no tengo, o como el que siempre hace falta.
Pero mientras eso no suceda. Leo "Ragazzo" de nuevo.

RAGAZZO

La palabra ragazzo, no tiene traducción:
lo aprendí bajo la luz intensa del verano de Roma,
aún fascinado por el mármol piadoso
de la fuente de Trevi; mientras recorría,
-invisible y absorto- Piazza Venezia.

Perdido en la conversación sin sentido
que sostienen los turistas; cansado
de admirar los estragos del tiempo
que hace polvo la carne y silencio la piedra,
me senté en un banco
a ver cómo la tarde descendía hacia el Trastevere.
Con ella, envuelta en sus pañales, iba mi alma,
y alguna ilusión vana como el país del que había llegado.
(Por entonces había comprendido que la isla
siempre habrá de dolernos como un cardo, que, pobre,
se enquista en nuestro pecho).

La palabra ragazzo, no tiene traducción:
no la busquéis en vano en los diccionarios,
no preguntéis por su significado ni en las plazas más nobles,
ni en las sórdidas tabernas donde el humo del tabaco
y el olor de la cerveza, se entrecruzan como un cisne invisible
que te empuja hacia la tentación.
Los sensuales muchachos de La Habana,
abiertamente tristes como sus playas,
nunca podrán ser nombrados con la palabra ragazzi.
Los alegres chicos de Andalucía, con labios
que se ofrecen cual carnosas olivas,
nunca van a reír con la dulce perversidad
de un ragazzo. Los modernos jóvenes de Nueva York,
con sus músculos perfectos como el acero que sostiene a su ciudad,
no pueden abrazar con esa pasión antigua,
mezcla de sangre
y lirio tostado por el sol mediterráneo,
que arrastran los ragazzi.

El ragazzo se sentó a mi lado en el sencillo banco de Piazza Venezia,
y la ciudad de Roma, hasta entonces sólo esplendor de ruinas y de sueños,
fue otra de repente. Tuvo el misterio y el glamour
que yo había imaginado para ella.
Habló y apenas pude comprender,
al extender su mano, firme como los puentes que atravesamos,
que me invitaba a andar,
cuando junto a la tarde descendimos hasta el Trastevere.
Vimos pasar los botes y algún pájaro gris, cual fantasmas románticos.
Sentimos en nosotros el aroma culpable de los hombres
que antes se habían amado junto a las calmas aguas.
Nunca dejé su mano. Nunca dijo su nombre ni quise preguntarle.
Pudo llamarse Adriano, Fabrizzio, Giuseppe, o Giuliano:
nombres que siempre dejarían su música en el esmalte de mis dientes.
Su perfil me acompaña aún como las imágenes de esos jarrones
que he visto en los museos. Su boca me sigue recordando
la luna atada sobre el Trastévere. Su pelo descuidado,
su cuerpo perfecto y dispuesto
solo pueden caber en esa palabra intraducible: ragazzo.
Yo aprendí aquella tarde lo que ya Pasolini
había visto en los pepillos romanos,
lo que le hacía vivir, cada noche, al borde del abismo,
siempre dentro del puño pálido y seductor de la muerte.

Nelson Simón.