domingo, 14 de marzo de 2010
"Día Internacional de la Mujer"
domingo, 20 de diciembre de 2009
Just because it's Christmas and at Christmas you tell the truth...
Es tan simple como caminar separados y reconocer en el otro la verdad por un instante, saber pese a todas las mentiras y las máscaras usadas cotidianamente que ese alguien a quien ves (sin mirarlo a veces) se desnuda ante tí hasta convertirse no sólo en tu reflejo sino en tu motor y la base de cada pensamiento.
A veces decimos "te amo" convencionalmente o decimos "te quiero" a destiempo y sin correspondencia para llenar formularios, cubrir falsas expectativas o por miedo a romper con lo ya logrado y comenzar de nuevo. Sin embargo descubres que nunca las palabras son tan fuertes como la voz que escuchas, las letras que se convierten en pequeñas señales lejanas o la imagen convertida en diferentes seres pero que sabes es a quien amas ¿suena contradictorio? Tal vez pero es la más lógica y mejor forma de explicarlo, de la misma forma que se explica el que me niegue una y otra vez a escribir tu nombre.
Y como todo sueño a veces toca despertar.
Las imágenes se disparan frente a nuestros ojos, claves de lo que el otro deja adentro...
Ya no te busco en la letra de las canciones porque he descubierto que sabes a la melodía que llega sin avisar un 18 de diciembre como la magia que se quedó dentro de mi hace justo un año. Por un momento quise cuestionar eventos pero ¿cómo puede un simple ser humano cuestionar tanto a la vida si a lo único que debiera dedicarse es a sentir?
Entonces cierro los ojos y escucho...
El amor es mi mirada a los seis años plena y llena de ilusiones.
El amor es un par de calcetas en el aire mientras se comparte la culpa de ser un par de niños.
El amor es no haberle dicho que le amaba y huir.
El amor es haber dibujado un paisaje chiapaneco en mis sueños y congelarlo ahi con el azul de sus ojos.
El amor es una taza de café.
El amor son unos ojos tristes que insisten en querer ser libres.
El amor son un par de hoyuelos que se delatan al compás de su risa.
El amor es una simple melodía que describe perfectamente la historia que te quiero contar.
El amor es tu nombre, tu forma, tu nacionalidad, tu ir y venir, tu ausencia, tu vino, tus manos, tus noches de insomnio y jornada de trabajo.
El amor soy yo pensándote de la misma manera en un momento inoportuno. Sólo por que sí.
(just push it is for you)
domingo, 22 de noviembre de 2009
Paz
viernes, 30 de octubre de 2009
Cerezas.
domingo, 18 de octubre de 2009
De nuevo Nelson Simón y yo...
RAGAZZO
La palabra ragazzo, no tiene traducción:
lo aprendí bajo la luz intensa del verano de Roma,
aún fascinado por el mármol piadoso
de la fuente de Trevi; mientras recorría,
-invisible y absorto- Piazza Venezia.
Perdido en la conversación sin sentido
que sostienen los turistas; cansado
de admirar los estragos del tiempo
que hace polvo la carne y silencio la piedra,
me senté en un banco
a ver cómo la tarde descendía hacia el Trastevere.
Con ella, envuelta en sus pañales, iba mi alma,
y alguna ilusión vana como el país del que había llegado.
(Por entonces había comprendido que la isla
siempre habrá de dolernos como un cardo, que, pobre,
se enquista en nuestro pecho).
La palabra ragazzo, no tiene traducción:
no la busquéis en vano en los diccionarios,
no preguntéis por su significado ni en las plazas más nobles,
ni en las sórdidas tabernas donde el humo del tabaco
y el olor de la cerveza, se entrecruzan como un cisne invisible
que te empuja hacia la tentación.
Los sensuales muchachos de La Habana,
abiertamente tristes como sus playas,
nunca podrán ser nombrados con la palabra ragazzi.
Los alegres chicos de Andalucía, con labios
que se ofrecen cual carnosas olivas,
nunca van a reír con la dulce perversidad
de un ragazzo. Los modernos jóvenes de Nueva York,
con sus músculos perfectos como el acero que sostiene a su ciudad,
no pueden abrazar con esa pasión antigua,
mezcla de sangre
y lirio tostado por el sol mediterráneo,
que arrastran los ragazzi.
El ragazzo se sentó a mi lado en el sencillo banco de Piazza Venezia,
y la ciudad de Roma, hasta entonces sólo esplendor de ruinas y de sueños,
fue otra de repente. Tuvo el misterio y el glamour
que yo había imaginado para ella.
Habló y apenas pude comprender,
al extender su mano, firme como los puentes que atravesamos,
que me invitaba a andar,
cuando junto a la tarde descendimos hasta el Trastevere.
Vimos pasar los botes y algún pájaro gris, cual fantasmas románticos.
Sentimos en nosotros el aroma culpable de los hombres
que antes se habían amado junto a las calmas aguas.
Nunca dejé su mano. Nunca dijo su nombre ni quise preguntarle.
Pudo llamarse Adriano, Fabrizzio, Giuseppe, o Giuliano:
nombres que siempre dejarían su música en el esmalte de mis dientes.
Su perfil me acompaña aún como las imágenes de esos jarrones
que he visto en los museos. Su boca me sigue recordando
la luna atada sobre el Trastévere. Su pelo descuidado,
su cuerpo perfecto y dispuesto
solo pueden caber en esa palabra intraducible: ragazzo.
Yo aprendí aquella tarde lo que ya Pasolini
había visto en los pepillos romanos,
lo que le hacía vivir, cada noche, al borde del abismo,
siempre dentro del puño pálido y seductor de la muerte.
Nelson Simón.